Bajas críticas
El golpe más duro llegó con la salida de Nahuel Molina, que ahora pisa la cancha rival y deja un vacío en la banda derecha que no se tapa con cualquier sustituto. El club perdió también a Lisandro López, un veterano cuyas jornadas de gol se evaporaron tras la lesión crónica que se resintió en la pretemporada. Además, la cesión inesperada de Agustín Rossi a Tigre sacó del radar una pieza clave del arco, forzando a la dirigencia a buscar respuestas rápidas.
Y aquí está la cuestión: la pérdida de esos tres jugadores no es solo numérica. Es táctica, es experiencia, es peso psicológico. Cuando el volante se desprende, los mediocentros pierden el ancla que regula la transición defensa‑ataque. La falta de Molina en la banda corta obliga al técnico a improvisar con un lateral menos fiable, lo que expone la defensa a los contraataques rivales.
Otra baja, menos visible pero igual de nociva, es la salida del analista de datos de performance. Sin esa pieza, la preparación física quedó en manos de un equipo reducido, y la carga de entrenamiento se volvió un juego de adivinanzas.
Altas prometedoras
Sin embargo, no todo es pesimismo. La llegada de Lucas Olaza, un mediocampo uruguayo con visión de juego, ha regalado a la mitad del campo una frescura que hace temblar a los rivales. A la derecha, el joven Franco Cervi, con su velocidad de vértigo, empieza a demostrar que la ausencia de Molina puede ser cubierta por talento emergente.
Y miren esto: la contratación del delantero argentino Cristian Pavón, que llega cargado de experiencia en la liga brasileña, está diseñada para reactivar la puntería del ataque. Un par de goles tempranos en la pretemporada ya dejan claro que su adaptación al bloque X es más rápida de lo esperado.
También se sumó a la plantilla una promesa del fútbol boliviano, el extremo Walter Balcazar, que aporta creatividad en el último tercio del campo. Sus regates pueden redefinir la forma de construir juego en la zona de ataque.
Impacto en la táctica
Con esas bajas, el esquema habitual 4‑3‑3 se vuelve inestable. El técnico se ve obligado a probar un 3‑5‑2, usando a Olaza como pivote central y a Cervi como ala interior. La defensa, ahora con menos experiencia, ha tenido que reclutar al jugador juvenil de la cantera, Andrés Roa, para cubrir la posición de lateral izquierdo.
Las altas, por su parte, permiten una rotación más agresiva. Pavón se instala como referencia de referencia, mientras que Olaza se encarga de la distribución de balón, obligando a los rivales a cerrar los espacios y a romper la presión alta del Xeneize.
En resumen, la plantilla está en una fase de metamorfosis: los cimientos se desmoronan, pero los nuevos ladrillos están listos para construir una estructura más ligera y veloz.
Qué hacer ahora
El siguiente paso es simple: aprovechar la versatilidad de Olaza para controlar el ritmo del juego y combinarla con la velocidad de Cervi en los contraataques. No hay tiempo para esperar a que la química se asiente naturalmente; hay que entrenar situaciones de balón parado con Pavón como objetivo principal. Finalmente, mantengan vigilancia constante en el mercado de fichajes; un lateral con experiencia puede ser la pieza que cierre el círculo y evite una nueva ola de bajas inesperadas.